American Football – LP2: Estuve perdida tanto tiempo

*ADVERTENCIA: Esto no es una reseña. Lo intenté pero no me resultó. Esta entrada la tengo lista de hace siglos, pero la publico ahora en enero porque soy una idiota insegura. En fin.

Hay una historia que siempre cuento a medias: estoy sentada en un columpio del patio de la casa donde viví un tiempo con mi mamá y una tía, escuchando The Summer Ends. Eso es todo lo que siempre digo. En realidad estaba sentada ahí después de haberme peleado con mi mamá.

Era mi primer año de universidad, y había sido fuerte: terminé una relación de años, conocí lo que realmente significaba estar rodeada de cuicos, me había metido a College porque no sabía qué cresta hacer con mi vida. Se estaba asomando de a poco el verano. Me reconforté y me refugié en una melodía tan simple como ésa. Era una sensación que definitivamente quería atesorar, conservar, disfrutar. Comencé a escuchar cada vez más emo gringo. Ninguno me produjo la misma calma de American Football y de Owen.

Escuchar un disco absolutamente nuevo como el LP2, sin temas reciclados, con personas que han cambiado y percepciones diferentes, puede causar tanta incertidumbre como confusión. Ponerle play a la canción uno, que siga la siguiente y de repente preguntarse ¿Estoy realmente escuchando American Football? ¿En serio sacaron disco? Pareciera como si un muerto volviera a la vida, e incluso una probabilidad más profunda venía a mi cabeza: parecía que había algo más para mí, una nueva oportunidad: había perdido mucha capacidad de asombrarme y maravillarme con el emo. Ya no escucho tanta música como antes ¿Me iba a gustar tanto como cuando chica? ¿Iba a sentir ese calor reconfortante, esa sensación estúpida de sentirse comprendido con una canción? ¿Cómo era posible sentir que me habían quitado a una de mis bandas favoritas?

El instinto de repente me dice que estoy escuchando un disco nuevo de Owen. Con el primer avance, I‘ve been so lost, tuve esa misma sensación, pero causada por el prejuicio de que ya no era la misma voz adolescente la que cantaba, sino la de un Mike Kinsella que es papá y que actualmente canta que quiere irse a dormir a su casa y tomarse unas cervezas solo. La propuesta de Owen es transversalmente distinta a American Football, partiendo porque el proyecto solista de Kinsella está enfocado principalmente en el folk y en el formato acústico. American Football sigue siendo American Football: los ritmos siguen marcando el pulso del emo y de un suave jazz, que se refuerza con las clásicas trompetas que marcaron el antes y el después en el midwest. Sin embargo, ya no existe el adolescente que le gritoneaba a alguien encontrémonos cuando maduremos, ahora hay un hombre que dice no puedes confiar en un hombre que no sabe llegar a casa. Hoy maduramos todos. Hoy llegamos a casa. Hoy nos encontramos.

A veces cuando pienso en música como un elemento de identidad pienso en toda la paja molida de que algunos (en especial gracias a una conexión a internet) se sientan con la propiedad de declararse expertos, fanáticos de verdad y poner a los otros a mirar el espectáculo de experticia, a veces tan prepotente y cansador, y tantas otras personas que juzgan a otros por cómo te vistes, qué música escuchas y qué cosas tienes y qué cosas no. Incluso hacer amigos bajo esa base prejuiciosa. Incluso yo lo hice. Lo hice con el emo.

Cuando me di cuenta de que me había equivocado profundamente, dejé de escuchar casi toda mi música. Parecía que no me fuese a perdonar tanta superficilidad nunca más. Cada canción parecía estar apestada por opiniones de hueones pasados a mierda, cada disco parecía fundirse en unos estados de Facebook y estadísticas de Last.fm hechas sólo para figurar. Una parte de mí parecía haberse ido, y todo era simplemente un conocimiento racional amplio de un género que parece ser como ese amigo de infancia al que conoces al revés y al derecho, pero sin el hilo invisible que parecía que los uniría por siempre.

Estaba frente a la misma música que me reconfortaba, que me hacía sentir en casa pese a sentir que no tenía una. La primera vez que sentí que hacerme mierda carreteando no era un requisito para ser feliz o tener amigos, fue escuchando Stay home. La primera vez que no me dio vergüenza ser tan sensible fue escuchando For sure. La primera vez que quise averiguar todo de una canción fue con Letters and packages. ¿Cómo algo tan sagrado iba a mancharse por culpa de la superficialidad de otros? Qué torpe me siento cuando lo pienso así. Me gustaría pedirme perdón. Tanto autosabotaje que me hice me hace pensar que estoy más lejos de donde realmente me gustaría estar (Hola, Note to self). Me alejé de la música sólo porque gente la usa para hacer daño.

Una sola cosa era cierta mientras escuchaba el LP2: no había duda, era totalmente cierto, estaba efectivamente escuchando a American Football. Nadie podía quitarme la tranquilidad de escuchar Everyone is dressed up: no importa cómo vivas, no a todos nos mencionará la historia y no a todos nos recordarán. Así pasa la gloria del mundo ¿Para qué aferrarse a tantas cosas? Pareció que el disco salía como una especie de broma curiosa de la vida. Coincidió todo con este último año, que parecía también estar lleno de revelaciones personales. Toda revelación parecía interpretarse: a todos nos llega la madurez alguna vez. Podemos estar desorientados, pero estando centrados al mismo tiempo.

La madurez de American Football es, para mí, evidente: Los versos parecen pilares fuertes hechos cuidadosamente, como un templo que sobrevivió todo embiste. Es el interior de la casa de concreto, y no un segundo piso hecho de una madera delgada, de versos adolescentes, del viento de Illinois. El amor a uno y a su historia no está sólo en mirarse al espejo, decir soy bacán y buscar personas iguales: está en deshacerse del prejuicio, en apreciar los mundos nuevos, en intentarlo mil veces, en que un hombre no será el mismo en veinte años, en ver crecer a alguien y ver también cómo crece y se enriquece su capacidad de escribir y componer: American Football. La banda que maduró, pero que sigue quejándose. Como una.

Digámoslo así: en el emo no hay muchas cosas nuevas que decir, porque la fórmula ha sido aplicada incansablemente. Pero si vienen los mejores a hacer escuela, supongo que habrá que escuchar lo que tienen que decir. Tal vez simplemente haya muchos que sólo le gusten las trompetitas y sentirse diferentes por un rato, pero para mí en el LP2 está uno de los versos más hermosos de la banda: La mejor forma de describirle el mar a un ciego es lanzarlo a él. American Football es como mi casa, porque si perder el tiempo sin saber qué hacer con mi vida, relacionándome con gente mala onda, en pegas negreras por no tener un peso, si todo eso fuera un crimen, probablemente yo sería la más buscada. Vivo en constante catarsis y crisis, y saber que hay más gente como yo, no me hace jugar a igualar, me hace intentar ser feliz como todos, a mi manera.

No puedo describir qué me causa cada canción a ciencia cierta aún, están ahí las canciones, las letras, esperando escribirse en algún recuerdo, que intuyo que será el de mí intentando atar cabos sueltos. El emo es música de introspectivos, nunca me cansaré de decirlo. Tal vez de eso se trata la música: de convertirla en un puente que puede volver a unir lo irreconciliable, más que de vestirse de una manera o creer tener un gusto refinado. Aunque de una cosa estoy segura: no puedo pedirle a nadie que aprecie la música como lo hago yo. Me encontré conmigo, me estoy reencontrando con el emo. No tuve que ir ni a la India (?).

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