Chaquetas, unos Melissa y broderie: la historia de cómo he modificado y reparado mi ropa

Cuando era niña, siempre vi a mi mamá coser. Le regalaron una máquina Nagoya, y con ella hacía sábanas, cortinas y manteles para la casa. También sabe tejer y mucha de nuestra ropa era hecha por ella. Tal vez por eso no me extraña que cuando entré a la universidad, la curiosidad de hacer mi propia ropa cayó sobre mí, y no podía tener más suerte de que hubiera alguien que me orientara.

Fue así como más tarde descubrí las maravillas de la feria. Hay ropa hermosa que tengo que me costó 500 pesos, y toda la época 2010-2012 mi closet se basó principalmente en cosas compradas ahí. Pero siempre había un problema: las faldas o vestidos eran muy largos, algunas prendas muy rectas/grandes o derechamente ropa aburrida.

Fue así como hice la primera intervención de mi vida: mi chaqueta de mezclilla regalona.

Créditos a la Palomita por ser la mejor fotógrafa.

Todo comenzó el año 2011, cuando Bandera era un lugar decente (?) y en algún milenario cajón encontré una chaqueta de mezclilla. La usé así nomás durante un tiempo, pero un día me compré un polerón gigante con un estampado hermoso. Era tan gigante que probablemente a una chica XXL le habría quedado nadando. Pero en esos tiempos yo era M y no quería perder el estampado.

Así que con la ayuda de mi madre armamos la espaldera que hoy tiene, y su orientación fue clave para la idea que tenía. Hicimos los cortes a medida de la chaqueta con unos dos dedos de sobra, aplicamos costura para el parche en sí y luego cosimos a máquina.

Un tiempo más tarde, a la chaqueta se le hizo un piquete en el hombro en una de mis cuantas aventuras bohemias. Con unos parches que compré 5 por luca en un persa de Peñalolén (donde, como diría mi padre, hay que entrar con los zapatos al revés para que crean que te estás yendo), tapé el corte y puse otro parche arriba para que pareciera “casual”.

Algunos de los parches que compré en esa ocasión estaban sin bordes, así que apliqué un punto de bordado para que no se deshilacharan de la chaqueta.

Circa 2015
Circa 2015

Esta chaqueta tiene más de 7 años acompañándome en aventuras y desventuras, y como buena rata, pretendo que siga siendo así por un buen tiempo. Próxima meta: bordar los hoyos que le están saliendo.

Reciclar otras telas

Cuando mi querida amiga Palomita se fue a Inglaterra, hizo un giveaway de miles de cosas que tenía en su departamento, entre las que había un montón de ropa. Yo me llevé algunos polerones, entre ellos, uno rojo que terminé admitiendo que me quedaba enorme y quedó botado unos dos años.

Además, tenía una chaqueta de mezclilla sin mangas que le compré a la casera de ropa vintage que tenía por Flickr (RIP) y nunca supe bien cómo usar, y más encima me quedaba grande. En general, la ropa americana me queda grande. Malditas gringas y sus cuerpos maceteados.

Circa 2013. Por dios k recuerdos……..

Por último, la historia más triste: una de mis poleras regalonas durante años fue la de Bambi que pueden apreciar en la foto, donde salgo muy simpática. Era Disney original, pero lamentablemente de tela de cebolla, por lo que siendo 2019, siete años después de comprársela a una amiga (sí, hago durar la ropa hasta que se llena de hoyos o motas), decidí jubilarla debido a la evidente cantidad de hoyos que tenía. Pero el Bambi estaba intacto.

Encuentre al gato.

Corté las mangas del polerón y a mano la cosí a la chaqueta, usando la parte de tela que la refuerza por el revés (esa partecita que no es de mezclilla), para que no se notara la costura. Pero ¿cómo podía coser una tela de cebolla que seguramente se iba a rajar en el cortísimo plazo? Pegándola, querida Watson que me lees.

Tupendo.

Compré un adhesivo de tela en la Librería Nacional, que tuve que pedir yo explícitamente porque no se llama pegamento de tela (al parecer no es un pegamento de tela o no sé) y las vendedoras no tenían idea que existía (de hecho, me ofrecieron un UHU ¿? que iba a quedar marcado). Con eso, pegué el Bambi y además le eché sobre los bordes para que no se deshilachara.

Pese a que quedó un poco rígido, aún no lavo la prenda (lo haré con la chaqueta al revés metida en una bolsita por si acaso) y supongo que ahí lograré que se vea un poco más natural, aunque creo que luce bastante bien.

Broderie como ley de vida

Érase una vez una Gerty vitrineando por Stylenanda porque había envíos gratis a todo el mundo (quienes me siguen en mis redes saben cómo terminó esta terrible historia, que algún día contaré acá). Entre una de las cosas que me tincó enormemente fue un polerón con encaje -en la izquierda en la foto-, pero que salía en una foto de otra prenda. Busqué incansablemente y no lo encontré.

Buaaaaa.

Un día, un pensamiento cruzó mi creativa (?) mente: ¿Por qué no hacerlo yo? Mientras miraba un polerón que heredé de mi hermana, que tiene aproximadamente cien años de edad.

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Aprovechando la licencia médica que tengo de hace semanas porque exploté de estrés, fui a una cordonería cerca de mi casa en Independencia y compré broderie, cosí los bordes de los cortes hechos a medida y los adherí al polerón a mano, tratando de imitar la costura original. Arriba hay una galería para que se orienten de cómo hacerlo.

Pese a que siento que la parte del busto quedó un poco atrás, creo que la idea funciona y me deja conforme, porque me ahorré un aduanazo más quejejeaúnlopiensoymeduelelaguata.

Cómo reparé unos Melissa que parecían insalvables

Un buen día la @ayrocito se encontraba haciendo una nota sobre ropa americana, cuando ambas estábamos aún en Nueva Mujer.

En el Coaniquem Store (Dios lo bendiga y lo guarde) encontró un par de chalitas Melissa que eran de mi número y estaban a… 500 pesos. Obvio que las compró y me las trajo, pero no se fijó en que había un pequeño problema: una de las correas estaba rota. Era evidente, además, que la chica que había sido la anterior dueña, se había sacado la cresta con ellas puestas o era ninja, porque tenían un raspado que dejaba claro que había derrapado en algo (?).

F

Pero no me frustré, porque como dirían por ahí, todo tiene solución menos la muerte GUA. Y mi buen amigo Google no me decepcionó: en este blog vi que una chica cosió las correas, así que, por supuesto que asesorada, mejoré su técnica.

Mi nombre es: MacGyver.

Con La Gotita®️, un pedacito de mezclilla, un perro de ropa y una lija me dispuse a arreglarlas. Primero, pegué la mezclilla y con el perrito de ropa la dejé fija hasta que secara por completo.

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Luego, una vez seco el parchado, con hilo rosado cosí y uní ambas partes, y le eché vela para no herirme con la costura. Con la lija eliminé el raspado, pero ojo que no mucho, porque se opacan.

Como podrán apreciar (aunque más bien, como no podrán apreciar) el arreglo ni siquiera se ve al usarlas.

Y bueno, las usé mucho durante el verano, y entendí el por qué la chica se cayó, porque se sienten medias extrañas al caminar, debido a que no son 100% planas. Raro, pero bueno, tengo unos Melissa por 500 pesos ¿Qué mas se le puede pedir a la vida?

Por qué me gusta coser

Una persona a la que quiero mucho, fanático (tal vez demasiado) de la meditación, una vez me dijo que para entrar en el estado de mindfulness, que tiene múltiples beneficios para tu humanidad, se puede hacer cualquier cosa que requiera concentración en el momento presente, y que permite que cualquier cosa alrededor “desaparezca”. Puedes meditar mirando el paisaje mientras vas en un bus, tejiendo, cocinando, y en mi caso, cosiendo.

Cada vez que me pongo a coser, entro en un estado de concentración que me mantiene enfocada en solo un objetivo: simplemente coser. Todo lo demás desaparece, el ruido de afuera, la música de fondo, incluso mis problemas y las cosas que me atormentan.

Una hermosa foto que me tomó la Sol (@azorzal en Instagram) cosiendo durante la primera junta del grupo de manualidades.

Soy una persona enormemente ansiosa, que en este momento está pasando por un momento muy difícil y coser ha sido terapéutico. Incluso, gracias a un inocente tuit, nos juntamos un grupo de chiquillas bacanes a bordar, coser, entre otras actividades manuales. Muchas de nosotras tenemos problemas para desenvolvernos en instancias sociales, pero todo salió precioso y se generó un ambiente de confianza y amor.

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Hace un tiempo hice un inocente tuit donde dije que sería bacan juntarme con gente a bordar y tomar tecito. Muchas mujeres bacanes apañaron, y hoy por fin pudimos concretar la primera junta de manualidades. Cada una llevó algún aporte y compartimos no solo bordados, tejidos, acuarelas, cupcakes, amigurumis, mucha comida, tecito y café, sino que también historias, chistes, experiencias, sentimientos. Es aún más valioso porque a muchas de nosotras nos cuesta desenvolvernos en grupo, y crear un espacio seguro, de confianza y de cariño es sin duda algo que me emociona y me hace enormemente feliz. Gracias a todas las que fueron y lograron esto tan bonito (a @fiosantis la dueña de casa, @desconsue, @valentinacampost, @basuritadigital, @opiasinne, @fenavulgaris, @pilogrant, @azorzal y @ceciabarca) y a las que nos faltaron nos vemos, porque sí o sí se viene la próxima 💖🌸

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He pensado seriamente en realizar algún taller o alguna cosa para ampliar mis conocimientos sobre lo que las entendedidas upcycling, y quién sabe, algún día ustedes también puede tener estas lindas prendas modificadas por mí jijiji. Hace un tiempo la Karina hizo el de Y.A.N.G. de reciclaje experimental, así que aquí estoy, considerando seriamente copiarle.


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