Lo que mi psicóloga piensa de Animal Crossing (y mi maniática experiencia al respecto)

Por ahí por el 20 de marzo salió una nueva entrega del renombrado juego que ya has visto en todas partes: Animal Crossing New Horizons. Porque soy una imbécil, no me lo compré a tiempo y me llegó hace más o menos una semana, y bueno, no he parado de transmitir al respecto.

¿De qué se trata Animal Crossing? Básicamente eres una personita que llega a una isla desierta, que de a poco va poblándose y tú te encargas de administrarla: vendes la fruta autóctona de la isla, construyes puentes, hablas con tus vecinos, haces mejoras, construyes espacios. También puedes decorar tu casa, comprarte ropa, y la gracia es que todo sucede en tiempo real y según el hemisferio donde vives.

En tan solo días ya tengo decorada casi toda mi casa, le he hecho tres ampliaciones, me uní a comunidades en Facebook y Discord, he hecho transacciones con gente de todo el mundo intercambiando o vendiendo ítems (con plata del juego y sin compartir mis datos personales, por si acaso). He mantenido un equilibrio (precario, pero al fin y al cabo, equilibrio) entre mi vida laboral y de villager, pero con suerte pesco a mi pololo que está pasando la cuarentena autoimpuesta conmigo. Si eres amigue mío, solo te quiero decir: discúlpame y entiéndeme.

Apelo a la comprensión porque tal vez no toda la gente conoce esta veta de mí misma: cuando era niña era tan adicta a los videojuegos que me levantaba tempranísimo (8AM considerando que soy un gato y puedo dormir 12 horas) y me acostaba tarde jugando. Una de las razones, a mi gusto, era que tenía muy pocos amigos y pasaba enferma, entonces jugar era un refugio. Fue tanto que mis papás decidieron nunca volver a comprarme una consola después del Super Nintendo.

Enviciarme de esta forma me hizo recordar a esa niña pequeña, porque hace siglos no me pasaba esto de pegarme de esta forma. Obvio que en parte, vinieron los recuerdos de mi familia y me preocupé, y le conté a mi psicóloga que no podía parar de jugar Animal Crossing. Le expliqué un poco del juego y estuvimos hablando un rato.

Sobre la evasión

Sin duda, la realidad de mierda que estamos viviendo es bastante de mierda. Yo ya estoy saturada de información y cada vez que me entero de algo me deprimo enormemente.

De repente el Animal Crossing es una fuente de alegría: me llegó un mueble que quería, hice un intercambio, terminé de pagar el puente, etc. Igual interactúo con gente y con la Karina hablamos todo el día del juego (xd) así que sirve de buena distracción.

Y aquí entra la visión especializada: mientras no interrumpa mi vida cotidiana (como trabajar y cosas así) todo bien. En medio de un ambiente hostil en el que estamos, refugiarse en un mundo más o menos idílico no suena tan mal ¿no?

Aprendiendo a ser adulta

En el juego te endeudas, pagas por casi todo lo que hay disponible y puedes intercambiar bienes. Como en la vida real, básicamente. Mi psicóloga me decía que es una buena manera de entrenar la economía propia y la vida cotidiana, aprender a tener prioridades, cuidar de un otro (hoy tuve que darle remedios a una vecina).

Así que, pese a que ya tengo 29 años, entrenar mi adultez con un juego donde todo es adorable me parece una idea no solo loable, sino también fantástica para gastar el tiempo de encierro que me queda.

Mi visión al respecto

Quiero aprovechar acá para hacer el disclaimer de que no pretendo dar cátedra de salud mental. No soy experta ni nada, pero intento ser lo más matea posible con las cosas que mi psicóloga me dice y me gusta también justificar mis adicciones.

Creo que no tengo que ser tan dura conmigo misma ni mucho menos evocar cosas del pasado, como la época donde tenía casi 0 amigos y solo podía jugar. Estamos en un pésimo momento histórico, mi vida laboral está a la baja y siento que dentro de todo, soy afortunada (como ya dije antes), y evadir en este momento es válido.

Mi plaza cuma

Puedo distraerme en algo que al fin y al cabo, es muy inocente y que me trae más alegrías que penurias (no estoy apostando mi casa ni nada así). Obvio que tengo que tener ojo, porque soy muy diferente a cuando tenía diez años o menos. Ahora tengo amigues y gente que me quiere, y tengo que aprender a encontrar el equilibrio.

Me han dicho bastante que aproveche la ola de estar pegada con algo porque después me voy a aburrir, que mucha gente en vez de estar evadiendo está hundidísima en la ansiedad y yo creo que encontré un refugio en Animal Crossing. Así que seguiré añadiendo atuendos a mi varita mágica y yendo donde la Karina a vender mis peras.

Además, hay muy buenos memes al respecto:


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